Cuando recuperamos nuestro cuerpo

 
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RecuperarNuestroCuerpo
… “Somos la gente contra la que nuestros padres nos previnieron”

Posiblemente el mito más grande que persiste sobre la sexualidad, sea que ésta ha sido vista siempre de la misma forma por todos los pueblos a lo largo de la Historia, cuando la literatura antropológica documenta extensivamente lo contrario, no sólo a propósito de culturas lejanas y “exóticas”, sino en nuestras propias sociedades contemporáneas, donde las opiniones y actitudes hacia ella varían considerablemente.

Entre los casos de divergencia más notorios, uno particularmente interesante es el que resulta de la diferencia de generaciones, pues mientras para nuestros padres la sexualidad era algo que se practicaba y hablaba a escondidas, para nuestra generación y las posteriores es un tema del que, cuando menos, se habla públicamente.

Un cambio tan espectacular de actitud no pudo darse porque sí: tuvo que haber un proceso de dimensiones sociales que finalmente lo produjera. Éste fue lo que un tanto imprecisamente se conoce como el Movimiento Juvenil de los años 60, que transformaría radicalmente la vida cotidiana en el Mundo occidental y el Japón.

¿Quién no escuchó hablar en esa época del amor libre? La expresión no se refería a un idealizado “amor al prójimo”, tan de moda entre los moralistas de ahora, sino a un ejercicio radical de la sexualidad donde el matrimonio ya no era un requisito e, incluso, iba más allá, al cuestionar en los hechos el modelo heterosexual-monogámico, pues las relaciones no se limitaban a una sola pareja o a individuos del sexo opuesto, aunque lo más importante era que ya no se sentía la necesidad de ocultarlas, pues la doble moral iba decididamente a la baja.

Otro aspecto importantísimo se refería al cuerpo como un todo, ya que fue una época de extraordinaria libertad para vestirse, medio vestirse o no vestirse, siendo comunes los pies descalzos y la ausencia de ropa interior, sin escasear tampoco la desnudez total, pública.

Algo característico de esta revaloración del cuerpo fueron los adornos, desde las emblemáticas “flores en el pelo”, la ropa multicolor y los collares, cintas y pulseras, hasta la pintura sobre la piel –body painting-, los tatuajes y las perforaciones –piercings-, al cuerpo se le adornaba profusamente, y lo hacían tanto hombres como mujeres.

De esa época data también el estilo unisex, que tanto significó para la libertad de expresión erótica individual, pues ahora podían usarse indistintamente prendas, peinados y accesorios antes reservados a determinado género, permitiendo traer a la superficie los rasgos transgenéricos de la personalidad sin que apareciera la ansiedad homofóbica de antaño.

En mis indagaciones sobre la historia del Movimiento Hippie, hallé en un catálogo editorial un título de lo más elocuente: WE ARE THE PEOPLE OUR PARENTS WARNED US AGAINST“Somos la gente contra la que nuestros padres nos previnieron”-, que resume lo que he venido esbozado aquí, pues nuestras libertades sexuales y corporales contemporáneas, provienen directamente de esa generación que se atrevió a hacer lo que sus padres le habían enseñado a condenar.

Imagen: vanialima.blog.br

FernandoAcosta

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey – es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.