Hacer cultura

 
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Imagen: facebook.com/amanoarte
Tal vez necesitamos del espejo humeante de Tezcatlipoca, fuente de vida, tutela y amparo del hombre, que exigía una ofrenda humana consistente en dar cada uno lo mejor de sí…

En las últimas décadas encontramos pensamientos que sirven para motivar a chicos y grandes, en particular por los tiempos actuales, a
los universitarios. Muchos de éstos fueron generados en inglés, porque todos vienen de la cultura norteamericana.

Durante muchos años los mexicanos hemos pregonado a gritos que los norteamericanos no tienen cultura, porque prácticamente estuvieron a punto de exterminar a los pobladores originarios de aquellas tierras y con ellos su cosmovisión del mundo, su lengua, su
gastronomía, su arte, su música, su danza, sus costumbres.

Se nos olvida que lo mismo pasó en Mesoamérica, donde imperó la ideología, la arquitectura, la lengua y la filosofía de vida de los españoles.

Lo cierto es que vivimos a diario la cultura norteamericana: hablamos con anglicismos, envidiamos el nivel de vida que han logrado construir como sociedad entre todos, adoptamos su moda, nos gustan las hamburguesas, tarareamos su música, buscamos afanosamente la “american way of life”.

En México no hemos renovado nuestra cultura, aquel conjunto de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver sus necesidades de todo tipo (de acuerdo con la significación más aceptada de la palabra cultura).

No tenemos una forma de pensar y de hacer las cosas, o mejor dicho las que tenemos no nos ayudan a crecer y trascender. Lo peor de todo es que ni siquiera lo vemos con claridad, ni a dónde vamos con eso.

De esta manera pensamos que ser impuntuales, desobligados e irresponsables es una forma de hacer y de ser, algo intrínseco, que ya no se puede cambiar porque esta es nuestra naturaleza.

Tal vez necesitamos del espejo humeante de Tezcatlipoca, el señor del cielo y de la tierra, fuente de vida, tutela y amparo del hombre, omnipresente, fuerte e invisible, que exigía una ofrenda humana consistente en dar cada uno lo mejor de sí, y en cuyo espejo humeante se enfrentaba el hombre a su propia imagen, así como lo cuenta el maestro Arturo Meza Gutiérrez (2009) en “Mosaico de Jade con reflejos de obsidiana”.

Cuando podamos vernos a nosotros mismos y entender que esas formas de ser y de hacer nosotros las creamos, y en consecuencia nosotros las podemos modificar, tal vez sólo entonces estaremos en capacidad de edificarnos y construir una cultura, que dé sentido a nuestro hacer para trascender nuestras limitaciones.

Quizá entonces nuestras paredes estén adornadas con hermosos cuadros que lleven frases que impulsen a nuestros jóvenes, desde su propia cultura, a dar lo mejor de sí, para ellos y para la sociedad.

… y entonces, más que un cuadro, tendremos una hermosa realidad que habremos creado desde nuestra propia cultura para trabajar en equipo, para no pretender engañar a otros imaginando que la recompensa a corto plazo es mejor que una duradera, para dar calidad en todo lo que hacemos.

SalvadorCalvaMorales

Salvador Calva Morales es rector de la Universidad Mesoamericana.